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Revista Cultural Multimedia: “PachaKamani”
Año: I — Nº 001, Junio 2011, La Paz—Bolivia, Formato: DVD-ROOM
Recientemente, en el mes de mayo, celebrábamos una de las festividades más grandes en el sector andino, nos referimos a la fiesta de la Cruz del Sur en honor a la Chakana. Además de ello, nosotros PachaKamani, celebramos seis años de existencia. Y luego de la respuesta de todos ustedes, en internet a través de este portal, vimos por conveniente pasar a la siguiente etapa.
En los últimos años, influenciado por la reciente dinámica política en Bolivia, se ha producido un afán por “conocer” ciertas generalidades del ambiente festivo, musical y de danza del departamento de La Paz. Este interés fue bien recibido por la celebración del Bicentenario de este departamento.
Un equipo de investigadores nacionales y extranjeros concluyó la primera parte del proyecto “Pinquillos embriagadores y diablos tentadores”. Se trata de un estudio sobre la tarka, un instrumento de viento, pensado para el impulso de la etnomusicología en Bolivia.
El trabajo aborda en profundidad la investigación sobre la tecnología del instrumento hecho de madera y caracterizado por un silbato en la boquilla, su importancia en la región andina durante la época de la lluvia. Es un estudio social, antropológico y etnomusicológico.
La etnomusicología es la disciplina que estudia todos los tipos de música e instrumentos.
El etnomusicólogo Arnaud Gerard, uno de los investigadores del proyecto, explicó al Servicio Informativo que una de las intenciones del trabajo es “impulsar la etnomusicología boliviana, una ciencia moderna que surgió a finales del siglo XIX, porque en Bolivia no existe una carrera sobre esta disciplina”.
Aseguró que no existe un estudio completo sobre este instrumento, ni libros sobre el mismo, sólo publicaciones breves.
El trabajo de campo es amplio, el equipo de investigadores recorrió las poblaciones más importantes donde se toca la tarka. Desde Humawaca que está al norte de Argentina, Sur Chichas, Tupiza, pueblos de los alrededores de la ciudad potosina, Macha y Tinguipaya en el norte del departamento de Potosí, Tarabuco en Chuquisaca. Pampaullagas y Curawara de Carangas en Oruro, y San Pedro de Curawara y los alrededores del Lago Titicaca de La Paz.
“El objetivo –explicó– fue hacer conocer su origen, la relación del instrumento con las comunidades, con las fiestas, el desarrollo social”.
El investigador dijo que la tarka sólo es tocada desde noviembre cuando empieza el festejo de Todos Santos hasta principios de febrero, cuando termina la fiesta del Carnaval, que precisamente, ese es el tiempo de las lluvias.
De acuerdo con las creencias andinas, el espíritu del diablo o el sajra (en aymara) se libera en la época de la lluvia y anima para que se toque la tarka, además de inducir en ciertos comportamientos de los campesinos.
Origen
Gerard explicó que el estudio sostiene dos hipótesis sobre el origen del instrumento. “No queremos hacer afirmaciones, entonces dejamos estas hipótesis para que otros investigadores continúen”.
Está confirmado que fue creado durante el coloniaje. Una hipótesis sostiene que habría tenido influencia de la flauta dulce traída de Europa a América durante la colonia, de ahí la tecnología de la boquilla en forma de silbato.
“Entonces puede ser que a la flauta le hayan puesto un sonido andino, además tiene una perforación diferente con discontinuidades, de manera que emite el sonido ‘tara’ en quechua o ‘richa’ en aymara”. Por tanto, el libro realiza una profunda explicación sobre la tecnología musical de la tarka.
La segunda hipótesis dice que el ancestro del instrumento sería el pinquillo, instrumento de viento parecido a la quena creado en la región de Los Andes, pues su presencia está desde Ecuador hasta Bolivia.
Fabricación
Los investigadores encontraron en la población de Hualata camino a Sorata, provincia Omasuyos de La Paz, la fábrica más importante de tarka, donde toda una familia se dedica a este trabajo. Se llaman los tarqueros y en aymara, tarkluriris.
Otro centro de producción del instrumento es Pampaullagas cerca de Orinoca, al sur de Oruro donde las fabrican en madera blanca de Chuquisaca, llamada tarco y su nombre científico es Jacaranda.
Esta información y capítulos sobre la organología y acústica de la tarca, sirenas y diablos, y trabajos de campo (región por región) estarán en el primer tomo de Pinquillos embriagadores y diablos tentadores que en poco tiempo será presentado en la ciudad de La Paz y en homenaje al bicentenario de Potosí.
El proyecto fue impulsado con apoyo internacional y la Universidad Autónoma Tomás Frías de Potosí. El equipo que trabajó en el primer tomo está integrado por Henza Starat, Rosalía Martínez (etnomusicóloga en Francia), Rubén Pérez (etnomusicólogo argentino) quien falleció durante el proyecto, la belga Isabelle Versteraet fundadora del Instituto Boliviano de Estudios Municipales (IBEM), Gerard Borras investigador en Francia, y Arnaud Gerard.
Los investigadores nacionales trabajan en el segundo tomo sobre este estudio que estará concluido después de marzo.
Fuente PIEB: http://www.pieb.com.bo/nota.php?idn=4716
IMPERDIBLE: Entre el 19 al 21 de este mes se realiza en el Centro Simón I. Patiño de Cochabamba, la XVI versión del Festival Luz Mila Patiño, dedicado al Violín en los pueblos indígenas y campesinos. El Centro abrirá sus puertas a partir de 19:00 durante esos tres días y la entrada es gratuita.

Aurora Oliva.

[Saludos amig@s: Este artículo, da un panorama general al proceso del estudio de la música en la cultura. Muy interesante]
INTRODUCCIÓN
Durante el siglo XIX, Europa tenía el dominio político y cultural de una buena parte del mundo y, por supuesto, se imponía su forma de pensamiento. Musicalmente, por ejemplo, se pensaba que cualquier tipo de música que no fuera occidental era primitiva, inferior y salvaje; este pensamiento aludía, incluso, a la música occidental no culta que realizaban los campesinos. Pero surgió un interés por coleccionar y recopilar música e instrumentos musicales no europeos, y de las zonas rurales, es decir, empezó la necesidad de estudiar la música que realizaba "el otro", "la música exótica", la música de tradición oral, la que no se escribía. Nació así, como una rama de la Musicología (que estudia a la música occidental), la Musicología Comparada, bautizada así por Guido Adler en 1885.
Con el paso del tiempo se desecharon esos conceptos de inferioridad y surgió la necesidad de estudiar la función que realiza la música en una determinada sociedad, desarrollándose la disciplina Etnomusicológica o también llamada Antropología de la Música.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS
A comienzos del siglo XX ya se habían realizado importantes grabaciones por medio de los cilindros fonográficos y comenzaron a formarse archivos en Estados Unidos, Alemania y Austria.
La Escuela Alemana de Musicología Comparada se preocupó por recopilar, clasificar y analizar la música popular. Empezaron a cuestionarse y analizar a la música desde su función en la sociedad (esta concepción fue más desarrollada por la escuela Norteamericana, de la cual hablaremos más adelante). Sus investigaciones se centraron más en el sonido por sí mismo, realizando análisis y transcripciones de la música recopilada. Esta escuela está representada, entre otros investigadores, por Curt Sachs, Carl Stumpf, Erich von Hornbostel y Otto Abraham.
En 1914 Curt Sachs y Erich Von Hornbostel desarrollaron el Sistema de Clasificación Organológico, el cual consiste en dividir a los instrumentos en cuatro familias: idiófonos, membranófonos, cordófonos y aerófonos. A partir de esta ordenación todos los instrumentos recopilados tendrían cabida en un sistema clasificatorio.
Por otra parte Béla Bartók (1881-1945), junto con Zoltán Kodály (1882-1967) comenzaron trabajos de recopilación y transcripción de la música popular húngara, incorporando algunos elementos de esta música a sus composiciones. En 1934, Bártok, trabajó para la Academia Húngara de Ciencias, para organizar y publicar el material que había recolectado junto con otros investigadores.
El rumano Constantin Brailoiu (se conoció por sus diferencias con la escuela de Berlín) hizo grandes aportes a la etnomusicología, aunque se le conoció tardíamente, porque su obra fue traducida al inglés y al francés hasta 1973. Brailoiu comenzó a preguntarse cuál era el verdadero objetivo de la etnomusicología y comenzó a plantearse los problemas a los que se enfrentarían los etnomusicólogos; se cuestionó cuál era la relación entre música y sociedad antes de que los etnomusicólogos norteamericanos abundaran en ello. Para este investigador la diferencia entre la música popular y la música culta residía no tanto en el hecho del lugar de donde proviene, sino de la manera en que se crea y es transmitida al resto de la sociedad.
En la Escuela Norteamericana (la cual tiene un desarrollo paralelo con la escuela de Berlín) surge una gran preocupación por la música indígena americana y comienzan a recopilarla el investigador Frances Densmore y más tarde Helen Roberts y George Herzog.
A partir de 1950, la Musicología Comparada, rebautizada en 1959 por J. Kunst como Etnomusicología, empieza a tener un auge mundial. La escuela Norteamericana comienza a fijar sus líneas de investigación basándose en las teorías y métodos de la antropología moderna, y comienza a investigar la música desde la función que desarrolla en una sociedad determinada. Uno de los investigadores más sobresalientes de esta corriente es Alan P. Merriam. Este autor publicó The Anthropology of Music, en 1964, convirtiéndose en un clásico para la etnomusicología.
A finales de los años 50 los etnomusicólogos de E.U., habían desarrollado dos corrientes; por un lado estaban los de formación antropológica encabezados por Alan Merriam, y por el otro los de formación musicológica lideriados por Mantle Hood. Este músico e investigador preocupado por el proceso educativo al que se enfrentaban sus alumnos, desarrolla el concepto de bi-musicalismo (bi-musicality). A grandes rasgos significa que una persona que tiene formación musical europea, al investigar otra cultura musical necesita aprender ese sistema, para convertirse en un bilingüe musical. Este concepto lo plasma en su libro The Challenge of bi-musicality (1960).
A su vez en América Latina surgen estudios y recopilaciones de música popular, partiendo de las corrientes del folklore.
Resumiendo, se puede decir que la etnomusicología ha pasado por varias etapas, a grandes rasgos, son las siguientes:
Esta disciplina nace como una rama menor de la musicología, es decir, es una musicología de las otras músicas. Surgen la Escuela Alemana de Musicología y la Escuela Norteamericana. En el siguiente cuadro sinóptico analizaremos las diferencias de las dos corrientes:
| ETNOMUSICOLOGÍA | ALEMANA |
|
| NORTEAMERICANA |
|
2) El folklore y la etnomusicología convergen en algún momento y esto da paso a pensar que el fenómeno musical no se resume a ser un arte arcaico, sino que hay que tomar en cuenta la forma en la que se transmite y se crea.
3) En esta tercera etapa se piensa que la etnomusicología debe estudiar la música que producen los campesinos, dando especial énfasis al proceso creativo.
4) Y por último se liga a la etnomusicología con las teorías y métodos de la antropología para de esta manera poder abordar el estudio de cualquier tipo de música, incluyendo la que se desarrolla en las grandes urbes y las músicas realizadas para ser consumida por las grandes masas.
La Etnomusicología o Antropología de la Música, es pues el estudio de los procesos musicales en la cultura, la música como cultura.
LA ETNOMUSICOLOGÍA HOY
La Etnomusicología se especializa en la necesidad de entender el fenómeno musical dentro de una sociedad determinada, no importando el género, ya sea ésta una música que se escribe o no. Hay que entender a la música como una actividad del ser humano, con un lenguaje determinado según la cultura en la que se encuentre. Así, a la etnomusicología le atañe la gran labor de estudiar los diferentes géneros musicales que convergen en una sociedad: indígena, popular, comercial, tradicional, académica, etc., y la función y el uso que cumplen estas músicas en cada cultura; es decir, el estudio antropológico del fenómeno musical.
A la etnomusicología le toca contestar una serie de preguntas que se ha planteado la humanidad a lo largo de la historia: ¿quién crea la música?, ¿cómo se crea? ¿para quién?, ¿para qué?, ¿con que fin?, etc.
Ahora bien, ¿cuáles son los métodos y las teorías de la etnomusicología para abordar un fenómeno musical en una sociedad determinada que nos permitan establecer la interrelación entre música, cultura y sociedad? Los etnomusicólogos han trabajado sobre este campo y aquí haré un resumen, tomando en cuenta que cada día nacen y se desarrollan nuevas teorías:
4) Marco Conceptual Émico. El marco conceptual émico de la antropología cognoscitiva fue tomada por algunos etnomusicólogos para analizar la música y el quehacer musical desde los protagonistas de la cultura, desde cómo la gente percibe su mundo musical.
En años posteriores han continuado las discusiones y surgido nuevos planteamientos de cómo abordar los fenómenos musicales en la cultura, la fusión de la música y la antropología. Los estudios etnomusicológicos no pueden quedarse en la mera descripción del fenómeno sonoro en sí mismo, deben de tener en cuenta en qué sociedad se están presentando, con una teoría y una metodología determinada. La Antropología de la Música da cabida para estudiar cualquier género musical. Cada día que pasa, la etnomusicología sigue buscando un lugar primordial dentro de las ciencias humanas.
Para terminar, me permito recomendar algunos autores padres de la etnomusicología y autores contemporáneos para ahondar en el tema (aparte de los ya mencionados) aunque seguramente se quedarán muchos de lado: Bruno Nettl, Christopher Small, Timothy Rice, María Ester Grebe, Rolando Pérez, Arturo Chamorro, Gonzalo Camacho, Anthony Seeger, entre otros.
LISTA DE ARTÍCULOS:
Artículo 5: Introducción a la Etnomusicología
Artículo 4: Músicas y contextos:
Reflexiones introductorias al estudio de la/s música/s
Artículo 3: El Qina Qina
Artículo 2: Los Ajayus de la Música del Carnaval
Artículo 1: Etnomusicología
--------------------------------------------------------El primer elemento a aclarar es el supuesto, muy extendido por cierto, de que la música es un “lenguaje universal”. Esta concepción de la música es una herencia principalmente colonial, que poco a poco se está rompiendo gracias a diversos estudios etnomusicológicos (Stobart 1996) que muestran que las músicas, lo único que tienen en común, es el sonido como elemento físico; por el contrario, las estructuras musicales, la estética, y las formas de apreciación que se tienen de estas, son radicalmente diferentes una de la otra de acuerdo a sus contextos (espaciales, temporales, culturales y sociales). Leer más...
Richard Mújica A.
La música Originaria Andina posee, al igual que la danza, un importante rol dentro de las fiestas que se realizan durante todo el año. Este rol está íntimamente ligado a los ritos, donde ambos, forman parte vital de los ciclos climatológicos y de producción agrícola y pastoril y sus estadios análogos en el ciclo vital humano.
Es así que existen alternaciones estaciónales de géneros musicales, danzas e instrumentos, que se asocian a los tiempos y contextos en los que se ejecutan. En términos agrícolas y musicales, el año se divide principalmente entre el tiempo o época de lluvias (jallupacha) y crecimiento; y el tiempo o época seca (awtipacha) y frío.
Se afirma que los instrumentos como el pinkillu, la tarka, y la kitära (este último interpretada en el Norte Potosí) se ejecutan en la época de lluvias - y que inician su interpretación en la fiesta de Todos Santos, terminando en Carnavales- llamando a las nubes y a la lluvia desde los valles, y ayudando a crecer a los cultivos.
Mientras que la qina, los sikus , y el charango (este último también del Norte Potosí) “soplan a las nubes”, provocando cielos despejados y heladas necesarias para congelar las papas y hacer el ch'uñu.
Entonces nos podemos preguntar: ¿cómo es que la música andina posee este "poder"?, ¿qué hace que lo agrícola y climatológico se relacione a los instrumentos?, ¿será que los instrumentos musicales tienen de forma innata esta virtud?
Una de las características que poseen los instrumentos andinos, y que las diferencia de los de occidente, es que todos los instrumentos tienen su "ajayu" (espíritu) que no es innato al material, sino que les es proporcionado por el ritual del encuentro con el "sirinu".
Stobart nos dice que este es un espíritu demoníaco que habita en quebradas, cascadas, manantiales o rocas; Arnold al respecto afirma que es un "saxra", también demoníaco; y finalmente Clemente Mamani le identifica como un "warmi anchancho".
Lo cierto es que el denominado sirinu empieza a salir de la tierra en el jallupacha (tiempo de lluvia); a partir de la fiesta de San Sebastián (el patrón del sirinu según Stobart) en enero se empiezan a recoger las nuevas tonadas (wayñus) que se interpretaran en las fiestas.
De manera indistinta esta tarea es encomendada, de acuerdo a la región y previa consulta a la coca, tanto al hombre, como intérprete; o la mujer, para quien entre los qaqachaqueños, el sirinu "es el motivador del canto". Este encuentro es principalmente un intercambio de los dones del sirinu, por ofrendas y ch’allas de parte de los músicos.
Estas nuevas tonadas se interpretaran a partir de estas fechas, hasta finalizar el Anata (carnaval), para luego guardar los instrumentos durante la época del awtipacha; y cuando nuevamente se inicie la época de lluvias se volverán a sacar los pinkillos, pero interpretando temporalmente las tonadas del año anterior, esto hasta volver a recoger los “nuevos wayños” los “wayñus misk'i” (dulces).
El denominativo "demoníaco" que le dan al sirinu, tiene su origen en la iglesia y su afán de satanizar a todo lo desconocido y todo lo que habita debajo de la tierra. Mientras que para el andino el subsuelo, no es el infierno; sino el Manqhapacha, el espacio de abajo, el vientre de
[1] Mújica Angulo, Richard 2003. “Los Ajayus de
Richard Mújica Angulo[1]

Antes de referirme a la música y la danza, como haremos en otros artículos, conviene hacer algunas reflexiones introductorias y un tanto generales, en torno a la mirada y concepción que tenemos de estas dos manifestaciones culturales. Disculpen los lectores, si en este escrito no hago las referencias bibliográficas respectivas, pues admito que me dejé llevar por lo que hasta ahora he percibido en mi corta experiencia musical e investigativa, permitiendo que broten algunos temas (que como verán están basados más en datos “andinos”, específicamente Aymaras, sobre el tema) que poco a poco profundizaremos con ayuda de ustedes. Aún así, intentaré dar un panorama sobre las músicas interpretadas en esta región que hoy se denomina Bolivia.
El primer elemento a aclarar es el supuesto, muy extendido por cierto, de que la música es un “lenguaje universal”. Esta concepción de la música es una herencia principalmente colonial, que poco a poco se está rompiendo gracias a diversos estudios etnomusicológicos (Stobart 1996) que muestran que las músicas, lo único que tienen en co
mún, es el sonido como elemento físico; por el contrario, las estructuras musicales, la estética, y las formas de apreciación que se tienen de estas, son radicalmente diferentes una de la otra de acuerdo a sus contextos (espaciales, temporales, culturales y soci
ales).
Ejemplo de esto, son las clásicas concepciones que los “folklorólogos” (como Paredes Candia y muchos otros) tienen de la música boliviana: (a) para referirse a la música del altiplano utilizan apelativos como “lastimera”, “monótona” y “triste”; mientras que (b) para hablar de la música de la amazonía utilizan palabras como “cálida” y “alegre”. Esta visión romántica de la música, si bien califica a una “mejor” que la otra, no deja de situarla debajo de otras
músicas como las “clásicas”. Obras como las de Mozart y otros exponentes europeos muestran mucha belleza pero “diferente”, ya que responden a otra concepción musical (paradigma) que de ninguna forma es comparable a músicas como las que se ejecutan en Bolivia o cualquier otro país latinoamericano; ya que cada una de ellas posee su riqueza, su belleza y sus significados totalmente diferenciados.
Entonces, ¿quién puede afirmar que los pobladores del altiplano no sienten gran alegría y gozo al bailar sus músicas? Estos prejuicios, son elementos que merman una
aproximación cabal y no permiten entender las músicas desde un
a perspectiva intercultural, especialmente a la hora de realizar una investigación; por tanto, estas diferencias muestran claramente que la música no es un lenguaje universal, y nos lleva al segundo punto.
El entender a la música desde la diversidad, o sea dejar de referirnos a la música como un elemento único y singular, sino desde un sentido plural: las músicas; pues considero, es el primer paso para mostrar mayor apertura a todas las ma
nifestaciones culturales musicales, no solo de este país sino del mundo.
Si ubicamos a las músicas de Bolivia dentro de este contexto globalizado (y paradójicamente diverso), encontramos varios elementos que muestran las transformaciones que estas sufren. Entramos así al tercer y cuarto punto: (3) el carácter dinámico que poseen las músicas y, la importancia que tienen (4) los contextos en los que estas se ejecutan.
Se podría decir, entonces, que estas (las músicas) son también producto de la interacción entre diferentes contextos (como dije antes espaciales, temporales, culturales y sociales) y sus respectivas concepciones musicales-culturales, como lo rural y lo urbano, solo por dar un ejemplo boliviano. Estas transformaciones ya se manifestaron desde la colonia, con la introducción de nuevas concepciones
e instrumentos musicales (europeos) y la apropiación de estos por las culturas locales; ocasionando así, el surgimiento de nuevas formas musicales, diferentes de aquellas que en cierta forma, mostraron mayor continuidad e intentaron mantener así, los principios musicales “originarios”. Estas transformaciones se sienten hoy más que nunca, no solo por la corta distancia que existe entre “fronteras” o, el papel de los medios de comunicación, sino también por el acceso a la tecnología.
Si nos referimos a estas “nuevas formas musicales”, encontramos a las llamadas “músicas neo/folklóricas” o “músicas populares”, muy difundidas especialmente en las ciudades (y que son justamente las que mayor apretura han mostrado al uso de las nuevas tecnologías); de las cuales puedo citar a la cueca, la diablada, el carnavalito, el caporal, la morenada, la kullawada, el toba, el tinku, el taquirari, la chacarera, la rueda y otros. Estas tienen la característica de ser post coloniales (en su mayoría) y generalmente se interpretan tanto en festividades de carácter religioso-católico en honor a diferentes santos y vírgenes, así como en festivales, concursos, centros educativos y otras de carácter urbano.
Otras músicas, menos difundidas que las anteriores, son las denominadas “músicas autóctonas”. Estas músicas han mantenido cierta continuidad en el tiempo, quizá por la distancia, puesto que estas se interpretan especialmente en áreas rurales. L
as músicas autóctonas tienen la característica principal de ser interpretadas en las fiestas, y están íntimamente relacionadas con ciclos climatológicos y rituales; estos fueron poco a poco superpuestos por otros (calendario religioso católico) luego de la invasión española. Si bien actualmente, las fiestas realizadas en honor a santos y vírgenes son el escenario principal de interpretación de estas músicas, conviven varias músicas y fiestas que se realizan en agradecimiento a la madre naturaleza (Pachamama) y a los seres protectores (Uywiris o wak’as en aymara).
La mayoría de los nombres de estas músicas están relacionadas al nombre de los instrumentos musicales con los cuales se los interpreta, de entre muchos podemos citar: el sikuri, el qantu, el lakita, el lawa siku, el chiriwano, el jach’a siku, la tarqa, el pinkillu, la qina qina, el chuqila, pusi p’ia y muchos otros instrumentos, que para su inte
rpretación deben obedecer épocas establecidas: El jallupacha (época de lluvia) y el Awtipacha (época seca).
Otra música, muy peculiar, es la interpretada en los yungas: la “saya”. Esta música caracterizada por su combinación de instrumentos de percusión y canto, es interpretada por los habitantes afro-bolivianos que fueron trasladados de África a Sud América, en la época de la colonia en calidad de esclavos para el trabajo forzoso.
En el extremo oriental de las tierras bajas del norte de Bolivia, la influencia jesuita sobre el talento musical chiquitano, moxos y guaraní ha dejado un legado singular que todavía se pone de manifiesto y que se mantiene particularmente fuerte en las tradiciones musicales de la vecina Paraguay. Además de las aventuras económicas, los jesuitas estimularon la educación y la difusión de la cultura europea entre las tribus. Los grupos indígenas de estas regiones crearon instrumentos musicales de artesanía (los famosos violines y arpas que se fabrican actualmente en el Chaco), y aprendieron e interpretaron la música barroca, incluida la misma ópera. Ofrecieron conciertos hasta en los lugares más remotos, con actuaciones de danza y teatro.
Actualmente, la interpretación de las músicas en Bolivia se ha
diversificado de gran manera. Esta interpretación esta a cargo de grupos músicas de diferente índole que interpretan músicas de diferentes regiones. Por un lado, los grupos de música neo-folklórica (conformados por instrumentos de viento andinos, charango y guitarra principalmente), los grupos denominados “fusión” (que mezclan instrumentos como el siku, la quena -andinos- con otros como la guitarra eléctrica, el bajo o la batería) y las bandas (grupos de instrumentos de viento “metálicos” -bandas militares- que generalmente acompañan en las fiestas o “entradas” religiosas), en su mayoría, todos interpretan repertorios folklóricos. Mientras que por otro lado, algunos grupos urbanos de música autóctona revitalizan o “rescatan” músicas rurales para interpretarlos en festivales de música en diferentes regiones del país; y los habitantes de diferentes comunidades rurales que continúan interpretando sus músicas-danzas para dar vida a sus fiestas y mediante esta a ellos mismos.
De esta forma he punteado algunos aspectos (quizá no tan novedosos para algunos) de carácter transversal, creo yo, a la hora de intentar entender otras manifestaciones culturales, como son las músicas y las danzas. En sucesivos escritos continuaremos motivando a la reflexión de nuestros cotidianos musicales y culturales, buscando siembre aclarar nuestros caminos a recorrer y seguir creciendo.
14 de agosto de 2008
La Paz - Bolivia